Khalisa es un jardín antiguo convertido en perfume: melocotón y pimienta negra se abren sobre osmanto y rosa búlgara, hasta descansar en sándalo, oud y haba tonka. | Notas: Salida: melocotón, pimienta negra, cardamomo, elemí, mandarina siciliana. Corazón: osmanto, fenogreco, benjuí, rosa, cipriol. Fondo: sándalo, oud, haba tonka, almizcle.
La historia de la casa
«Ciatu» significa «aliento» en dialecto siciliano — y es exactamente eso lo que su fundador, Andrea Spatola, quiso capturar: el aliento de Sicilia, su tierra natal. Desde su boutique en Via Roma, en Siracusa, Ciatu – Soul of Sicily elabora cada perfume de forma artesanal, con materias primas naturales cultivadas en la isla — miel de mil flores, aceite de oliva, azahar — para embotellar el mito, la luz y la memoria mediterránea en cada gesto.
La historia del perfume
En el corazón de Palermo, el antiguo barrio de la Kalsa conserva en su nombre el eco de al-Khalisa, «la elegida», «la pura»: así llamaron los emires árabes al recinto amurallado donde guardaban sus tesoros durante los siglos en que Sicilia fue frontera y encrucijada entre Oriente y Occidente. De aquella Sicilia mestiza, perfumada de especias y sedas llegadas por mar, nace Khalisa: un perfume que entiende el lujo como herencia compartida.
Se abre con un melocotón maduro, casi indecente de jugoso, que la pimienta negra despierta con un chasquido especiado, como fruta robada en un mercado al calor del mediodía. El osmanto trae su matiz a albaricoque y cuero fino, y la rosa búlgara se enrosca alrededor con una densidad casi comestible, dulce y terrosa a la vez. Con el paso de las horas, la piel se convierte en el verdadero zoco: sándalo cremoso, oud ahumado y resinoso, y un fondo de haba tonka que envuelve todo en un ámbar tibio y goloso.
Khalisa no busca discreción. Es una fragancia de gineceo y especiero, de cortinas pesadas y luz filtrada, pensada para quien entiende que la elegancia también puede ser abundancia.







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